Para lectores inquietos que quieran salir un poco de la cajita y deseen conocer a un escritor diferente, muy poco convencional (más bien nada convencional), les comparto este audio de una lectura a un cuento magistral de Charles Bukowski titulado "Seis pulgadas", me llamó mucho la atención (me dio risa) que quien quiso traducir el título al español no paró en eso y le siguió de largo con la conversión a nuestro sistema métrico decimal y redondeando milímetros simplemente le puso "15 centímetros". En fin, Bukowski es uno de mis escritores favoritos, me gusta no solo por su literatura, sino por su perspectiva de la vida, su enfoque depresivo, como si el movimiento musical del Grounge de los años noventa tuviera su equivalente literario en sus escritos. Incluso me atrevería a decir que es de mis influencias junto a Cortázar y al maestro Arreola. No hace mucho que lo descubrí, quizás unos ocho años, y quizás no hay nada mío publicado donde quizás inconscientemente me...
Cuando provienes de una familia en la que todos se creen muy chingones y tú eres el único que padece de TDAH, estás condenado a que toda la familia, incluso el más pendejo, te etiquete como el tonto de la familia. Hace años, antes de que tuviera un diagnóstico confirmado, el primero que notó mi problema de distracción fue mi abuelo, se me quedaba mirando, el muy... vamos a decir «observador», por no decir metiche. Decía, «Oye, Lupe, como que ese chamaco, Vladito, te salió medio pendejo. ¿No crees?», y mi papá contestaba —porque Lupe era mi papá, no mi mamá—, «¿Medio...?, Pendejo y medio, papá. Pero dale chance, ya crecerá». Como si creciendo se me fuera a quitar lo distraído, para ellos, lo pendejo, que cualquiera de las dos, son de esas cosas que regularmente se acentúan con el tiempo. Mi abuelo creía que mi conducta retraída era de mala suerte, «Lo pendejo de ese chamaco nos trae el mal agüero a la familia», pensaba. ¿Mal agüero? Ya ven como era la gente de...
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