LINDO PECECITO, que pasea en la fuente.... lararararara... los que están en frente....


“La vida no es lo que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
Gabriel García Márquez.


Esta frase del Gran Gabo se me vino mucho a la mente cuando vi la película de Tim Burton, El Gran Pez (Big Fish, EUA, 2003). En esta película, que ya se ha vuelto un clásico, este director californiano nos lleva a un mundo fantástico que nos hace recordar la atmósfera en que conocimos a Edward, aquel mágico personaje que hizo y sigue haciendo rodar una que otra lagrimita a las muchachas en El joven manos de tijera (1990). En lo personal me gustó ver que otra vez nos enseña la luz del sol y los escenarios abiertos, y no los sets oscuros que dan claustrofobia, de algunas de sus cintas como: Sleepy Hollow (1999) y El planeta de los Simios (2001), aunque se podría decir que su tendencia gótica ha tenido mucho que ver en su fama. En esta cinta, Tim Burton, el director de negro, nos ofrece una película muy conmovedora, llena de personajes mágicos y escenarios sorprendentes, que para no perder la costumbre de Edward manos de tijera, hace rodar lagrimitas a las muchachas y a uno que otro pelado, ya que toca un tema por demás emotivo como lo es la relación padre e hijo, posiblemente toca las fibras más sensibles de algunos, y es contada desde el punto de vista tan surrealista que identifica a este director.


Mentiríamos si dijéramos que no nos identificamos con esta película, al menos yo sí. Trata de un hijo que siente tener el padre equivocado, pero éste nunca se pone en lugar del padre, imagínate que fuera al revés y que no eres el hijo correcto. Lo común es que de niño idolatres a tu papá, quieres ser como él cuando crezcas, te pones sus zapatos y le dices a tus compañeros del kínder que es muy fuerte y puede levantar cosas muy pesadas y alcanzar cosas muy altas y conseguir lo imposible, al menos yo siempre lo creí de mi papá. Y las historias que te cuenta tienen tal veracidad que golpearías a quien te dijese que no es cierto... en algún momento pensé que todo esto era sólo visto desde la perspectiva de niño, ahora pienso: o sigo siendo niño o mi papá conserva esa mágica manera de narrar la vida.

Pero qué pasa cuando creces y ves que las cosas no pesan tanto como parecían, ni son tan inalcanzables como las veías, ni tan imposibles como para que sólo tu padre las logre, y peor aún, cuando ves que los padres de otros han logrado más y empiezas a dejar de creer en aquel padre de ensueño, en el héroe, y que incluso sientes haber crecido más parecido a los otros padres que al tuyo, y cuestionas la sangre, ¿éste es mi padre, pero si no nos parecemos? Y dejas de creer en lo que te cuenta. Y aquí es donde de nuevo se atraviesa al Gran Gabo con El Gran Pez, qué culpa tiene Edward Bloom de que su hijo no crea sus historias de cuando él era joven, como él lo dice en la película: “Ese es tu problema y no el mío”. Y porque lo relaciono con el gran Gabo, es que estoy seguro que el gran Gabo sabría entender lo que Edward Bloom contaba en sus historias de juventud, y es porque de esa manera las recordaba y por ende las vivió de esa manera, como lo diría en “Vivir para Contarla”.
Qué coincidencia, nuevamente Edward, pero este Edward no tiene las manos de tijera ni se llama Edward porque así lo haya escogido el director ni el guionista John August, sino que esta película está basada en la novela homónima de Daniel Wallace (coguionista, por cierto), y en ésta, el personaje se llama así.
Narra la historia de Edward Bloom, un hombre demasiado sociable, que le agrada a toda la gente, y todos gustan de escucharlo contar sus historias de cuando era joven, son tan fantásticas que cuesta trabajo pensar que pudieran ser verdad, son ricas en personajes exóticos y divertidos. Su aventura empieza cuando es un joven de 18 años y sale de su pueblo convencido de que es demasiado chico para sus aspiraciones. En su viaje a ninguna parte conoce a personas que, al igual que él, no encajan del todo bien en lo que consideramos un entorno convencional. Un día en una función de circo ve a una joven con la que queda fascinado y en ese momento se da cuenta que ella será la mujer con la que se casará, entonces su muy particular manera de ver la vida lo llevará a hacer cualquier cosa por lograr desposar a la joven. Años más tarde, su hijo William Bloom, periodista recién casado con una joven francesa, se enoja de ver que ella también gusta de escuchar las historias de su padre. Cansado ya de escuchar historias llenas de lo que él considera mentiras, decide alejarse y no hablarle y deja de tratarlo por 3 años, hasta que su padre, Edward, enferma y comienza a ser seducido por la muerte y Will vuelve para acompañarlo en sus últimos días, pero no sin sentir aún por su padre cierto rechazo que lo hace investigar si las historias que le contaba tienen algo de verdad, es así como llega a conocer ciertos episodios de su pasado enigmático, lo que sigue hay que verlo en la película, pues para spoilers yo ya dije mucho…
Aunque parezca mucho lo que les conté, yo sólo cuento una sinopsis. De eso sí, de algo hay que estar seguros, por más extraña que parezca la versión que te narre una persona sobre su vida, siempre se merece, al menos, el beneficio de la duda, quizás no esté mintiendo sino que su perspectiva de la vida es distinta a la nuestra, y si nos ponemos a juzgar al mundo por la capacidad de imaginación de cada quien, sería como decir que nuestra infancia estuvo llena de falsedad, ¿qué acaso no nos dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad? Sólo es cuestión de cómo la sepan decir, y pues, la verdad de Edward Bloom no deja de ser verdad, su verdad, tan verdad como pudo ser sin aquellos detalles extravagantes que hacen volar a la gente cuando escucha sus historias, porque todos tenemos historias interesantes que compartir, todo radica en cómo las contamos, que tanta pasión nos llena la boca al evocar el recuerdo al momento de contarla. Que conste que no lo digo porque sea un gran admirador de García Márquez, o de las historias de mi papá, el sociable Don Lupe, y de pasada de Burton, sino que al ver esta película los estuve comparando y les encontré gran similitud, esto se lo deben al personaje central de El Gran Pez, que con películas como ésta, no me queda más que seguir diciendo:

“Tim, sigue contándonos esas historias que queremos ver en el cine”




El Gran Pez
(Big Fish, EUA, 2003)
Director
Tim Burton

Actores 
Albert Finney, Ewan McGregor, Jessica Lange, Alison Lohman, Helena Bonham Carter, Danny De Vito.

Productores
Bruce Cohen, Dan Jinks, Richard D. Zanuck.

Guionistas
Daniel Wallace (Autor de la Novela) y John August

Fotografía
Philippe Rousselot.

Edición
Chris Lebenzon
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Música
Danny Elfman.

Efectos especiales
Hans Metz

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